Las 7 virtudes capitales

Podcast por si prefieres escucharlo.

¿Podemos ser buenos líderes ágiles si no somos buenas personas?

Esta pandemia está siendo una experiencia sociológica sin parangón y digna de análisis, ya que está evidenciando las costuras de nuestra sociedad en cuanto a cómo nos comportamos como personas, en general, y como líderes de ecosistemas sociales, empresariales, etc., en particular, para enfrentar esta situación excepcional.

Yo creo firmemente en esta premisa: “No podemos ser buenos líderes ágiles si no somos buenas personas”. Lo primero está incluido en lo segundo.

En el último año, llevo observando, directamente y en los medios de comunicación, demasiados comportamientos que parecen estar más alineados con los siete pecados capitales que con las siete virtudes capitales propias de una buena persona y, por ello, de un líder. Es probable que, por esta razón, mi sensación sea la de respirar un ambiente cada vez más infernal que lo contrario. ¿Sientes algo parecido?

Por tanto, creo que es un buen momento para hacer un examen de conciencia de cómo estamos contribuyendo cada uno de nosotros a este ambiente infumable para procurar transformarlo. Por ello, veamos los siete pecados capitales que estoy observando, con sus posibles siete virtudes capitales, opuestas y transformadoras.

Siete pecados actuales y sus posibles virtudes capitales transformadoras.

1.- Soberbia. Según el efecto Dunning Kruger, las personas tendemos a confiar en nuestra capacidad o criterio sobre cualquier materia con tan solo tener algo de conocimiento, incluso atreviéndonos a dar lecciones a los expertos en dicha materia. Y en virtud de lo anterior, nos otorgamos la autoridad de dictar sentencia y actuar en consecuencia. La ignorancia es muy atrevida y el ejemplo más extremo es el negacionismo existente respecto de las vacunas. ¿Te gustaría que un inepto se atreviera a decirte lo que tienes que hacer en tu trabajo o negocio? Frente a este brote de soberbia, creo que necesitamos más humildad y docilidad para dejarnos guiar por los expertos, eso sí, siendo exigentes en cuanto a la transparencia informativa se refiere.

2.- Lujuria, entendida como necesito disfrutar ¡yaaa!, no me vaya a dar un soponcio por no hacerlo. Según el experimento de Marsmalow, las personas que son capaces de evitar la tentación a corto plazo por una recompensa mayor a medio-largo plazo, son más inteligentes emocionalmente y más exitosas. Todas las personas que vemos en los bares, fiestas ilegales, celebraciones de fútbol, etc., sin respetar las normas de protección por satisfacer su deseo inmediato de disfrutar ¡ya!, necesitan practicar más la paciencia y el esfuerzo cotidiano para ayudarnos a todos (y a ellas mismas) a salir de esta situación y poder tomar todos cañas, sin más olas que alarguen la pandemia.

3.- Ira. En España, cada día es más difícil hablar de temas de actualidad con otras personas sin que se polarice la conversación y los contertulios se “engorilen” en sus posiciones. La ira y el rencor de nuestros políticos parlamentando, son ejemplos descorazonadores a evitar. Siempre he creído que la razón de las formas fortalece la razón de fondo. Hoy en día, la templanza es absolutamente necesaria en nuestras conversaciones, porque solo escuchando y negociando con el poder de nuestros argumentos es cuando nos entendemos, no elevando el volumen de la voz o el sarcasmo de nuestras palabras.

4.- Avaricia para cubrir mis necesidades ante esta delicada situación, con falta de empatía hacia los demás. El ejemplo más sangrante es el de aquellas personas que se han saltado o querido saltar el turno en la vacunación, que solo piensan en ellos en primer, segundo y tercer lugar. A estas personas, que no ven más allá de su nariz, les invito a practicar la generosidad de manera generosa. Aunque no se lo crean los avariciosos, la satisfacción que nos da la práctica de la generosidad no se puede pagar con tarjeta de crédito alguna.

5.- Envidia. Según los sociólogos, la envidia es el pecado capital número uno en España. Es posible que la pandemia haya elevado su volumen. La virtud a practicar, en este caso, es mirar con más compasión al prójimo y no compararse con los demás para evitar el rencor. El rencor es el “veneno que me tomo yo para que te mueras tú”. Por tanto, si envidias a alguien y deseas venganza, ve preparando dos tumbas, una también para ti.

6.- Pereza, entendida como victimismo. ¡Qué pereza me da tener que cambiar yo mismo, cuando puedo cargar la culpa de lo que me pasa al prójimo! Para mí, este el segundo pecado capital más habitual en España, tras el primer puesto adjudicado por los sociólogos a la envidia. Para ser responsable de mi vida hay que ser diligente y proactivo, esto es, preguntarse qué puedo hacer yo por mí, siempre en primer lugar, en vez de qué pueden hacer los demás por mí. ¿Qué pregunta te haces en primer lugar? Porque como esté esperando a que los poderes públicos o los demás me saquen las castañas del fuego, lo llevo claro.

7.-Gula. Nos estamos desayunando, comiendo, merendando y cenando información basura todos los días. Apuesta por una dieta más sana y saca a pasear tu pensamiento crítico, para no engordar con todas las fake news que nos lanzan. Sobre la calidad informativa de la campaña electoral de la Comunidad de Madrid, mejor ni hablamos. Como madrileño que soy, me siento absolutamente decepcionado al respecto.

Concluyendo, ante la adversidad es donde podemos contrastar cómo nos comportamos realmente. De copas somos todos fantásticas personas. Como no se puede ser un buen líder ágil sin ser una buena persona, dime como te estás comportando durante esta pandemia y te diré cuán buen líder eres. Una buena persona y líder ágil, ha de reunir las siete virtudes capitales comentadas: humildad y docilidad, templanza, generosidad, mirada compasiva, pensamiento crítico y diligencia-proactividad.

¿Qué te está faltando a ti para llegar a ser un buen líder ágil?

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Muchas gracias de corazón y, recuerda, no basta con la reflexión, para avanzar es necesario pasar a la acción.

2 comentarios sobre “Las 7 virtudes capitales

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  1. Totalmente de acuerdo, Paco! Estos días que estoy pasando más cerca de mi padre me estaban acercando a esa misma reflexión. En muchos de los niños de la posguerra, nuestros mayores hoy, podemos encontrar ejemplos concretos y continuos de antídotos para cada uno de esos “pecados capitales” que comentas, tanto dentro como fuera de la empresa. La generosidad que no mide contrapartida, la grandeza de mirar al grupo y trabajar para el grupo por encima de intereses individuales marca la diferencia.

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