“Lo que importa no es lo que te sucede, sino como lo vives y reaccionas al respecto”. Epicteto.
A la realidad cotidiana que vivimos le importa bien poco nuestra felicidad y buen estado de ánimo. La realidad nos reta a surfear olas y olas de incidencias y problemas, más o menos graves, que nos pueden hacer sentir frustrados, enfadados, tristes e, incluso, asqueados.
Lo anterior nos pasa a todos, tanto en el ámbito personal como profesional. Por ejemplo:
- Mi trabajo o mi empresa va bien, surge la ola de la IA y la robótica, y siento que puede poner en peligro mi status quo.
- Una relación personal que me importa ya no es lo que yo quiero para mí vida, me hace sentir infeliz y con sensación de pérdida de rumbo.
- Hice una inversión que no ha salido bien, pierdo dinero y me siento frustrado.
- Y un largo etc. que seguro tú mismo puedes completar.
Tengo una buena amiga que siempre me dice: “Paco, eres demasiado positivo. A ti todo lo que te pasa te va bien”. Y me lo dice con un tono que viene a decir “no te aguanto”, con cariño por supuesto (creo).
Y aquí es donde viene la pregunta del millón de dólares: ¿qué hacemos entonces, nos dedicamos a sufrir lo que nos va pasando en la vida, dejando que las olas de realidad nos aplasten, o procuramos surfearla de la mejor forma posible?
Veamos las diferencias entre una actitud de sufridor y de surfista.
1. SUFRIDOR
El sufridor de la vida se caracteriza por:
- Encallarse en su emoción negativa:
Todos tenemos emociones que se apoderan de nosotros en momentos difíciles. Yo el primero.
Ahora bien, el sufridor decide quedarse enganchado en dicha emoción y dramatiza el relato mental que la dispara, elevando dicho relato a creencia incuestionable en la mayoría de las ocasiones. Por ejemplo, una relación sentimental me salió rana y, a partir de ahora, decido no confiar en nadie porque me la jugará; me protejo para no sufrir, pero me cierro y pierdo oportunidades a futuro que podrían merecer la pena.
El sufridor nunca acaba de verbalizar y aceptar su emoción para superarla con el tiempo, aplicando buenos hábitos de inteligencia emocional. El sufridor se encalla en la frustración, miedo, enfado o emoción que toque, convirtiendo esa emoción inicial en un estado de ánimo permanente en el que residirá por mucho tiempo y que le afectará en todos los ámbitos de su vida.
- Ceguera ante la oportunidad.
Cuando una persona es víctima de su propio estado de ánimo negativo, se acentúa su ceguera para ver las oportunidades que cualquier crisis o problema real le trae a la puerta de su vida.
Volviendo a los ejemplos anteriores, esta ceguera impide al sufridor ver las oportunidades que la IA pueda aportar a su negocio o trabajo, ver la oportunidad de construir otras relaciones personales más satisfactorias o buscar nuevas oportunidades de inversión para su capital.
- Incapacidad de actuación.
Está claro que si no veo las oportunidades no puedo aprovecharlas con mí acción, pero tengo la sospecha de que un sufridor tiende a la inacción en general, sobre todo si tiene un amplio historial y experiencia en el bien sufrir.
- Círculo vicioso.
Con una actitud sufridora lo más habitual es que la persona entre en un círculo vicioso donde sufrir todo lo que le pasa en la vida sea lo habitual, con las terribles consecuencias que esto implica en la salud mental y corporal de dicho sufridor.
Por tanto, creo que lo más inteligente ante la realidad vital es cambiar nuestro chip al polo positivo.
2. SURFISTA.
A los que nos consideramos positivos ante la dura realidad del día a día, también nos pasan cosas que nos enfadan, frustran e incluso asquean. Que quede bien claro, que la vida no es camino de rosas para casi nadie.
Ahora bien, el surfista positivo decide:
- Aceptar sus emociones limitantes e impedir que se instalen en nuestro cuerpo para gobernar nuestra acción. Para ello, verbalizar nuestra emoción y entender que juicio o creencia la dispara es muy importante. Algunas personas confunden vulnerabilidad con debilidad. No se trata de ir de duros por la vida pareciendo que los problemas no nos afectan, sino de verbalizar y reconocer nuestras emociones para poder gestionarlas y salir de un estado emocional que nos paralice o limite a futuro.
- Abrazar las oportunidades que te ofrece toda ola de realidad en la vida. ¿Cómo puedes aprovechar la IA en tu negocio?, ¿Qué otras personas pueden hacerte más feliz en el futuro?, ¿Qué otra inversión te dice la realidad del mercado que puede ofrecerte beneficios futuros?
- Actuar en vez de malgastar tu energía por la boca. Hay mucha gente que se le va la energía por la boca, regodeándose de todo lo malo que le acontece y se olvida que la única persona que puede sacarle de dicho atolladero es ella misma, actuando, pasito a pasito, sin prisa, pero sin pausa. No digo que sea fácil hacer esto, pero quedarse anclado tiene un alto coste.
- Círculo virtuoso: cuanto más positivo y surfista soy, más me favorece el oleaje. Ahí lo dejo.
Como os decía antes, una buena amiga me suele decir que todo me va bien, me pase lo que me pase. A mí no me va bien todo lo que me pasa, pero decido encontrar la manera de que me vaya bien, en vez de quedarme sufriendo hasta el infinito. Creo que es lo más inteligente, la verdad, aprender de lo que nos pasa sin que nos condicione negativamente a futuro y elegir surfear de la mejor manera posible las olas de realidad cotidianas.
Por tanto, para terminar, te pido que reflexiones con estas preguntas:
- ¿Qué olas de retos te está trayendo la cruda realidad últimamente?
- ¿Estás sufriendo o surfeando dichos retos?
- ¿Qué vas a hacer al respecto a partir de hoy mismo?
Si te pareció interesante este post, te pido que lo compartas en redes sociales.
Muchas gracias de corazón y, recuerda, no basta con la reflexión, para avanzar es necesario pasar a la acción.



Deja un comentario