“Lo único que necesita el mal para triunfar es que las personas buenas no hagan nada”. Edmun Burke
En su libro “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl escribe una frase que me parece reveladora y que comparto literalmente: «A la persona se le puede quitar todo excepto una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la propia actitud ante la adversidad».
Por otro lado, viendo la película “V de Vendetta”, me llamó la atención la siguiente reflexión: ¿Por qué las mejores personas siempre sufren? Porque siempre están ahí dando todo y no piden nada a cambio, y eso nadie lo ve”.
En los últimos tiempos, estamos asistiendo a una transformación profunda e inquietante del liderazgo público ejercido sobre las masas, por estar más basado en la razón de la fuerza que en la fuerza de la razón, en imponer por el poder económico e incluso militar, lo que el poderoso desea, ignorando completamente la autoridad del sentido común y del respeto a las normas más elementales que nos hemos otorgado entre todos.
Hace unas semanas, asistimos al vergonzoso peloteo del máximo representante de la Alianza Atlántica y del resto de países europeos que la componen, al “primo de Zumosol”, vanidoso y orgulloso de sentir la pleitesía desmesurada de sus “súbditos”. Yo sentí vergüenza ajena. Entiendo que se pueda ser práctico por necesidades prioritarias ineludibles, pero las formas, la pleitesía, el servilismo era una elección perfectamente evitable para no sufrir tamaño varapalo.
Y no quiero poner más ejemplos al respecto, como lo que está pasando al otro lado del Mare Nostrum, porque quiero centrarme en:
- ¿Cómo afecta el ejercicio del poder del miedo en las personas de un equipo de trabajo empresarial?
- ¿Cómo la responsabilidad de evitar estos entornos de trabajo tan tóxicos está en manos del líder, principalmente, pero también en manos de las personas que lo componen, superando su miedo para no renunciar a su libertad de elección?
1. EL MIEDO ESCLAVIZA
Cuando una persona siente miedo de manera intensa y cotidiana, puede reaccionar de las siguientes cinco maneras:
- Parálisis.
Me acuerdo de la primera vez que subí a esquiar con mis presuntos amigos, me dejaron en una pista negra con la instrucción de bajarla como pudiera y lo único que consiguieron fue que me quedara paralizado de miedo viendo la pendiente a superar, cagado de miedo y pensando en todas las leches que me iba a pegar.
Hay personas que ante una adversidad impuesta por un poder superior, no saben qué hacer, ir para adelante, para atrás o borrarse del mapa.
- Huida.
En mi caso lo vía claro, me fui directamente al remonte correspondiente y hui de aquella situación con una dramática sensación de frustración y autoestima personal a la baja muy motivadora. De hecho, le cogí tanto miedo que nunca llegó a dárseme bien el arte de descender por las pendientes nevadas disfrutando de una sensación de libertad plena.
En algunas empresas hay una rotación no deseada de talento, alta y costosa, provocada por la huida de dicho talento de microclimas borrascosos de miedo generados por sus responsables, cuando ya sabemos todos quienes deberían irse.
- Ataque.
Algunas personas con más carácter reaccionan ante el miedo atacando al generador de miedo, midiéndose en el cuadrilátero de boxeo con los mismos guantes de formas inadecuadas del poderoso.
Esta reacción humana es comprensible, pero tendremos todas las de perder al olvidar que nuestra fortaleza reside en el fondo de la cuestión y en la razón de las formas. Tener claro mis líneas rojas unido a mi templanza es vital para una persona asertiva con mano izquierda.
- Sometimiento.
En muchos equipos de trabajo encontramos zombis profesionales que llevan su cuerpo a trabajar, porque hay que pagar facturas, pero dejan su alma y compromiso personal en casa para cuando vuelvan al calor del hogar.
Aunque lo peor es cuando me someto tanto al poder de la fuerza que termino por reír los chistes malos de mi jefe y por decirle que “Sí, Bwana” (sí, mi amo) a todo.
En definitiva, en el siglo XXI el miedo sigue esclavizando y matando el compromiso libre de las personas, de su talento y de su aportación de valor, pero la responsabilidad no es solo es del líder, sino también de nuestro silencio e inacción.
2. MI LIBERTAD.
Estoy plenamente convencido de que nuestro libre albedrío y nuestra libertad de elección son nuestros principales tesoros personales e intransferibles, a cuidar y poner en valor ante la adversidad.
Por tanto, ante la fuerza del poder, en vez de sufrir y no actuar está en nuestra mano:
- Ser leal a nuestros principios, valores y líneas rojas que conforman nuestro ser innegociable.
- Armarnos del valor necesario para decir “No” a todo aquello con lo que no comulguemos y nos quieran imponer por la fuerza o miedo.
- Y pedir los cambios que estimemos necesarios para que cuenten con nuestro compromiso personal, genuino y auténtico, evitando sufrir sin que se nos vea por la falta de acción.
- Estar dispuestos a asumir las consecuencias de no comulgar con el “Primo de Zumosol” si no accedemos a sus presiones, evitando la falsa comodidad de la vida fácil, aunque sea renunciando a lo que somos en verdad. Esta esclavitud es un coste demasiado alto porque siempre hay alternativas en la vida.
Una buena amiga me suele decir que soy demasiado positivo ante la adversidad del día a día y que la vida no te enseña, sino que te obliga a ser fuerte. Entiendo su postura, la verdad.
Yo creo que ser fuerte (no duro) y libre significa elegir enfrentar nuestros miedos y las adversidades con coraje, aprendiendo de nuestra experiencia, pero sin ser víctima de ella, para poder actuar conforme a lo que queremos ser y representar, sin plegarnos a la razón de la fuerza ni al desaliento.
Por tanto, para terminar, te pido que reflexiones con estas preguntas:
- ¿De qué miedos estas siendo esclavo actualmente?
- ¿Qué líneas rojas propias se están traspasando?
- ¿Qué vas a hacer al respecto a partir de hoy mismo?
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Muchas gracias de corazón y, recuerda, no basta con la reflexión, para avanzar es necesario pasar a la acción.



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