«La vida no se mide por años, sino por lecciones aprendidas y tareas completadas”. Brian Weiss.
He tenido la suerte de cumplir 60 años la semana pasada y creo que es un buen momento para parar y mirar hacia atrás. A tal efecto, la frase de cabecera me parece inspiradora; la vida se mide en:
- Lecciones aprendidas: el verdadero talante de las personas se mide por cómo aprovechan sus éxitos y por cómo reaccionan ante los errores, aprendiendo de los mismos. El mantra “El tiempo pone a todo el mundo en su lugar” es muy peligroso y nos quita responsabilidad sobre nuestra vida. El tiempo y la experiencia bien aprovechada, sí que nos ponen en nuestro lugar.
- Tareas completadas: ¿Qué querías ser y conseguir de mayor?, ¿Qué has realizado al respecto para cumplir tus metas vitales? Miro hacia atrás y he recorrido mucho camino. Mi empresa cumplirá pronto 20 años y hemos ayudado a profesionales de muchas empresas a crecer, he publicado un libro y 84 posts en este blog, tengo 2 hijos fantásticos que ya vuelan solos, disfruté del Camino Portugués en 2023, etc., aunque me falta plantar un árbol con mis propias manos.
Ahora bien, lo que quiero compartir con vosotros son algunas de mis lecciones aprendidas durante estos años, como profesional, por si os sirve de ayuda. Vamos a ello:
- No gastes más de lo que ingreses:
Ya sé que esto es de primero de básica o de primaria, según el formato de educación que hayas cursado, pero cuando ves que un proyecto se va al carajo por incumplir groseramente este primer mandamiento de la ley del sentido común, se te graba a fuego. Cuando incurres en gastos fijos muy altos que no son necesarios para el negocio tienes un problema serio, como por ej. alquilar una oficina carísima en la milla de Madrid cuando no necesitas recibir a tus clientes. Por tanto, procura que tus gastos fijos sean los justos y necesarios para que funcione tu negocio. El resto debe ser gasto variable y punto.
- Un amigo es un amigo y un socio es un socio:
Los socios de tu negocio han de complementar tu aportación al mismo, bien con capital que tú no tengas, bien con talento necesario del que no goces. Confundir esto con querer hacer negocios con amigos, porque nos llevamos bien, es la crónica de una muerte anunciada, tanto del negocio, como de la relación de amistad. En caso de duda es mejor crear tu empresa en solitario y luego fichar el talento que necesites.
- Anticipa las tendencias de negocio: prepárate y posiciónate.
Vivimos en una Era donde todo cambia a una velocidad de vértigo. Hay que estar muy atentos a las tendencias de cambio en nuestro mercado para actualizarnos y reposicionarnos. Tenemos que hacer un análisis D.A.F.O. de nuestro negocio periódicamente y actuar en consecuencia porque no hacerlo puede ser el principio del fin.
Por ejemplo, yo invertí en mi certificación como Coach en 2009 porque observé una clara tendencia en el mercado de necesidad de entrenamiento individualizado y de valor como complemento a la formación más tradicional, algo desgastada. No exagero cuando os digo que el retorno de dicha inversión superó con creces todas mis expectativas al respecto.
- Decide tu modelo de negocio y se fiel al mismo.
Un buen cliente me presionaba, en 2007, para que contratara personal fijo y alquilara una oficina acorde para mi empresa, con el propósito de darle un buen servicio y poniéndome como ejemplo lo que estaban haciendo otros proveedores suyos.
Estoy convencido de que el modelo de negocio para mi empresa es de cero costes fijos en personal e instalaciones, contratando solo a los mejores en sus materias cuando los proyectos lo exijan y trabajando cada uno desde su casa o empresa.
La crisis financiera de 2008 me dio la razón. Si hubiera hecho caso a mi cliente, habría tenido que cerrar seguro, por exceso de costes fijos y falta de flexibilidad en mi modelo de negocio.
- “Sé tú mismo, los demás puestos están ocupados”, Oscar Wilde.
Creo que, si hay que “morir”, mejor que sea con “tus botas puestas”. Ser auténtico y confiar en uno mismo es fundamental para conectar y convencer a los clientes y a todas las personas que colaboren contigo.
Por tanto, no pierdas el tiempo en posturear para parecerte a nadie porque ese puesto ya está ocupado y será una pérdida de tiempo, de energía y de credibilidad.
- Mantén la calma.
A lo largo del camino surgen muchas dificultades y no es nada fácil gestionar la incertidumbre y la sensación de soledad ante el peligro. Por ello, es fundamental aceptar que la incertidumbre es parte del proceso y que dramatizar las adversidades no sirve de nada.
Cada problema hay que gestionarlo en su justa medida y buscar su solución cuando llegue el momento: “Cuando lleguemos a ese río, cruzaremos el puente”; y si es aconsejado por personas expertas de tu confianza, miel sobre hojuelas.
- Rodéate de socios de confianza:
Los equipos ágiles y de alto rendimiento están conformados por personas que se consideran socias de confianza unas a otras. Una cadena de valor funciona de verdad cuando proveedores, clientes, colaboradores, etc. se sienten como socios de confianza de dicha cadena o ecosistema de valor.
Por ello, es fundamental que todas las personas del equipo se sientan bien compensadas por su aportación al proyecto en curso y que exista una conexión de confianza entre las mismas. Yo siempre he procurado que esto sucediera y creo que ha sido una de las claves de mis éxitos profesionales.
- Aporta valor.
Uno de mis mantras preferidos es muy conocido porque salía en los anuncios de TV sobre inversiones financieras: “Ninguna rentabilidad pasada asegura rentabilidades futuras”.
Yo me aplico este cuento todos los días. Si vas a hacer algo, hazlo lo mejor que sepas, con toda tu energía y con la firme intención de aportar valor a los demás, a tus clientes; y esto sí que es una fuerza imparable de la naturaleza, una auténtica arma de seducción masiva.
Y si crees que no puedes aportar el valor que necesita tu cliente, mejor decirle que no eres el socio adecuado para dicho proyecto, que malvenderte. Un no a tiempo a un cliente por esta razón, es una gran victoria. Por mi experiencia, a los clientes le gusta esta sinceridad.
Por último, creo que cuando cumples 60 años también es un buen momento para parar y mirar hacia adelante. Es posible que en otro post os cuente mis conclusiones más detalladamente, pero, en resumen, creo que seguiré haciendo lo que me gusta y con quien me apetezca. ¡Deséame suerte!
Para concluir, te pido que te hagas las siguientes preguntas:
- ¿Qué tareas has completado hasta ahora para cumplir tus metas vitales?
- ¿Cuáles te faltan y qué te impide realizarlas?
- ¿Cuáles son tus lecciones aprendidas hasta la fecha?
Si te pareció interesante este post, te pido que lo compartas en redes sociales. Muchas gracias de corazón y, recuerda, no basta con la reflexión, para avanzar es necesario pasar a la acción.



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